Estar loco es no tener un lugar donde guardar los pensamientos
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domingo, 29 de marzo de 2009

EDERLEZI: El odio, la esperanza y la tristeza juntas en un tema

El 6 de mayo se celebra, según el calendario ortodoxo, el día de San Jorge, "Djorge Dan" es una de las más importantes fiestas del pueblo ortodoxo, el mito de San Jorge, que logra vencer al dragón, se vincula en el folclore serbio con la primavera. Porque con su victoria, San Jorge libera los manantiales de los que el dragón se había adueñado. Junto con las aguas de esas fuentes, el Santo devuelve a la gente la humedad vivificante de la que depende el revivir primaveral de la naturaleza. Como señal de que el santo ha vencido al dragón, se consideran las lluvias primaverales. Por lo cual hay una creencia según la cual si llueve el Día de San Jorge, cada gota de esa lluvia es valiosa como una moneda de oro.-
El folclor enaltece justamente este aspecto del triunfo de San Jorge. Esta creencia es argumento de muchos cuentos y de muchas canciones. Según la mitología popular, el propio santo empieza su fiesta con un recorrido primaveral por los campos. Al salir al campo, se percata que los sembradíos de primavera aun no han crecido, y que los campos se ven vacíos. Pero tan pronto como San Jorge los recorre, estos reviven rápido y germinan. Por lo tanto, dicen las canciones folklóricas que San Jorge se va al campo enfadado, pero vuelve alegre y contento. Y es por eso que muchas de las canciones traducen la alegría por el verdor primaveral que se da por el día de San Jorge infundiendo mucha alegría a los humanos.-
El primer rito con que la gente recibe la fiesta de San Jorge es el trenzado de coronas verdes. Además de las ramitas, en las coronas se enlaza geranio verde que es símbolo de la salud. De los humanos y también de los animales domésticos, y del ganado. Y en especial, de los lindos y simpáticos corderitos, cada uno de los cuales recibe este día una corona especial. Acto seguido, el sacerdote del pueblo bendice a los seres vivientes. Para pasar luego al almuerzo festivo en que campean un cordero asado, la primera leche ordeñada este día, y queso fresco. Todos estos ritos festivos, los de los rebaños y el pastor, de los campos ya verdes y de los labradores, aparecen descritos también en relieves especialmente hechos que se ven sobre los panes rituales de San Jorge. Estos se preparan de la mejor harina, y simbolizan los campos y la abundante cosecha, que va a llenar no uno ni dos sino nueve carros, según se canta en el día de San Jorge. Pancitos rituales especiales se preparan para los pastores y sus rebaños. Los grandes panes ornamentados con esos dibujos campearán en la opípara mesa de la aldea entera.
El día de San Jorge es una de las fiestas que congregan en una gran mesa común a todos los vecinos del pueblo. Además de la prosperidad económica, en esta mesa de toda la aldea es bendecido ritualmente también el bienestar familiar.-
Justo el día de San Jorge las mujeres jóvenes que se han casado en el invierno pasado, se quitan por primera vez el velo de novias para reemplazarlo por la toca de mujeres casadas. Así reciben su primera consagración sui generis en la vida familiar y así termina su paulatina transición a la nueva vida familiar. Por eso, uno de los rituales del día de San Jorge, que pudiera parecer un tanto extraño, consiste en tirarles trocitos de queso blanco a las jóvenes casadas en los meses pasados. Es un rito para bendecirlas a que tengan y críen muchos hijos. Con ello concluye el circulo del principal voto ritual del Día de San Jorge: a que todo sea abundante: desde el verdor aun tímido de la próxima cosecha hasta la familia misma.-
Ederlezi era una canción que hacía referencia a una "Slava" (celebración religiosa que hace que todos visiten a la persona que ese día celebra su santo). El gitano de esta canción celebra su slava pero no tiene plata para el cordero que desea ofrecerle a los que vengan a saludarlo, y por eso encuentra algo deprimido. La canción es un poquito triste, pero sabemos que en la vida hay momentos tristes, que por su intensidad no los olvidamos y aún pese a ser tristes no nos arrepentimos de ellos.
Goran Bregovic, es el autor de este hermoso tema :


El tiempo de los gitanos (en serbio Dom za vesanje, literalmente Casa para colgar) es una película Emir Kusturica. La película se centra en la vida de Perhan, un gitano adolescente con poderes telequinéticos, que vive una trágica aventura al salir de su pobreza teniendo éxito como gángster. La banda sonora es de Goran Bregovic, aunque en gran medida se trata simplemente de un reciclaje de música folclórica gitana. La canción Ederlezi aparece en numerosas escenas de la película, incluyendo la más espectacular e imperdible en donde los gitanos festejan el día de San Jorge.-
Los cíngaros o gitanos llaman al día de San Jorge Djordje dan.-
Ederlezi es una combinación de los nombres de dos profetas:
  • Hidir o Eder: guardián de los animales, gente pobre y otorgador de abundancia
  • Ilias o Elezi: agua, animales y salud, quienes se reunieron en San Jorge para reestablecer la naturaleza.
Ederlezi es la versión Turca de San Jorge (Trabajador de la tierra) quien da fertilidad, bendice el agua, los animales y las plantas.
Ederlezi es una celebración de la naturaleza en Asia Central y Turquía, que es parte de su cultura antes del Islam.-

martes, 17 de marzo de 2009

"Es posible volver a empezar una vida, pero no una biblioteca"

Goran Bregovic sigue siendo a los 59 años -los cumple el 22 de este mes- un rebelde. Aunque procede de un territorio convulso en el que abundan las etiquetas nacionalistas (serbios, croatas, bosniacos, kosovares) se considera yugoslavo, una nacionalidad que ya no existe; que sólo permanece en la música y en la memoria. "Si tu país desaparece, descubres que no era algo político ni geográfico, sino emocional. No me siento represente de una nación o un Estado. Sólo represento ese territorio emocional que no tiene nada que ver con la política", asegura en una entrevista realizada el viernes en Cádiz, en víspera del primero de los tres conciertos que dará en España junto a su Banda de Bodas y Funerales (hoy en Madrid, teatro Price; el 18 en Barcelona, en el Palau de la Música).
En Alkohol, su último disco, hay una referencia a esa locura; una frase extraída de una camiseta muy popular en los Balcanes: "Quien no se vuelve loco no es normal". Bregovic no rehúye ningún tema, tampoco el de la guerra. "Creo que conozco a casi todos los criminales de guerra. Conozco a Radovan Karadzic, que antes de la guerra era poeta. Algunos de mis profesores de la Facultad de Filosofía están en La Haya. Eran políticos pequeños que creyeron interpretar personajes históricos. Los seres humanos están condicionados. Si les dejas la oportunidad de convertirse en animales se convertirán en animales. La cultura no nos protege".

En la última película en la que colaboró musicalmente con Emir Kusturica, Underground, se produjo la ruptura entre dos de los artistas serbios más importantes de los últimos años. "Fue realmente difícil. Fue una catarsis. Era una película sobre la guerra cuando aún había guerra. Muchos de los que trabajamos en ella sabíamos que ya habíamos tenido suficiente de él y él, de nosotros. Todos necesitábamos un cambio. Kusturica nunca me pareció interesante como persona. Es un buen artista, quizá el único cineasta que tenemos con un trabajo coherente. La pena es que ya no hace buenas películas porque está solo, aislado. Nadie que esté solo puede hacer una película".

En Underground hay una escena sobre la ruptura de Yugoslavia: cuando un trozo de tierra se desgaja y se aleja flotando. Esa isla volvió por unos días en 2005, cuando Bijelo Dugme, la gran banda de rock de Bregovic, disuelta en los ochenta, dio tres conciertos. "Vendimos 75.000 entradas en Sarajevo y otras 75.000 en Zagreb en un solo día. En Belgrado reunimos a 148.000 personas. Vino gente de todo el mundo, incluso desde Canadá. (...) Con el rock envías violencia al público y el público te devuelve violencia, aunque también se puede llamar energía. En esos conciertos no hubo un solo incidente a pesar de la cantidad de gente que se reunió en lugares tan problemáticos. Observaba desde el escenario cómo todos se preocupan en evitarlos, como si todos quisieran cuidar el momento para que nada lo estropeara. No era sobre musulmanes, croatas o serbios, era sobre personas que sólo querían cantar juntos canciones que todos sabían".

Preguntado por si la música tiene poder para cambiar a la gente, aunque sea por unas horas, responde: "A los artistas occidentales les gusta decir grandes cosas, como que la música puede cambiar el mundo. Vengo de un país comunista y sé dónde está el poder. Aunque trabajo con la misma temperatura que los artistas occidentales, sé que hay un largo camino hasta ser iluminado. Las luces pequeñas ayudan, pero en el fondo no cambian nada".

Una de esas pequeñas luces se la regaló Ernesto Sábato cuando Bregovic acudió a Buenos Aires a dar su primer concierto. "Al llegar al hotel me dieron un sobre que me habían dejado de parte de Sábato. Contenía un libro, Sobre héroes y tumbas, y una carta en la que me pedía disculpas por no acudir al concierto. Me explicaba que mi música le había salvado en momentos de depresión. Lo curioso es que cuando hice el servicio militar en Nis, en la época comunista, robé de la biblioteca del cuartel un ejemplar de ese libro. Lo tuve en mi casa de Sarajevo durante años y lo perdí. Con la guerra perdí todo, también mi biblioteca. Puedes empezar dos veces tu vida, pero no puedes empezar dos veces una biblioteca. Todas las cosas grandes que me han pasado están guiadas por cosas pequeñas que se vuelven grandes, como el libro de Sábato".

"Copio como todos", asegura para defenderse de las acusaciones de sus enemigos. "No soy Dios; es el trabajo de Dios crear. Me llaman compositor porque compongo lo que ya existe. Así ha sido siempre, desde Stravinski, Gershwing, Bono, Lennon... Se trata de un viejo método: tomas algo de tu tradición, robas y dejas atrás cosas para que otros con talento roben también. La cultura es eso, una transformación continua".

Para él, que publicó su primer disco en 1974, la música es un lenguaje anterior a la palabra, y la suya, una mezcla en una zona donde los muy nacionalistas exigen pureza: "Está antes que la palabra, la religión y la política. Siempre cantarás alguna melodía de tus enemigos y siempre escuchas alguna de tus canciones en labios de tus enemigos. Es algo normal. Durante cuatro o cinco siglos fuimos una frontera entre católicos, ortodoxos y musulmanes. Vengo de un sitio donde todo era ya Frankenstein. Cualquier cosa que intentes lleva un Frankenstein dentro. No puedes evitarlo. Si naces en un sitio así sabes que tienes que estar preparado para recibir muchas malas noticias en tu vida", dice Bregovic, hijo de croata y serbia, y marido de una musulmana. Y concluye, "la guerra no es sólo matar gente, quemar casas, la guerra mata una infraestructura cultural, edificada por los hombres con gran dificultad durante mucho tiempo".

Fuente El País